¿Cómo afecta el miedo a mi cerebro?

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30.10.18 Maria

Se acerca Halloween, y cómo no, ¡vamos a hablar del miedo! Los insectos, los lugares oscuros, lo desconocido, los ruidos que no sabemos identificar… Los seres humanos tememos muuuuuuchas cosas. Pero el miedo no es una reacción aleatoria, de hecho tu cerebro actúa como mecanismo de defensa y activa una red de procedimientos para mantenerte a salvo.

A continuación te contamos cómo.

¿Qué es el miedo?

Sentir temor es un mecanismo de defensa que genera nuestro organismo. Podríamos decir que el cerebro actúa como un detector de humos: cuando se fija en una posible amenaza, hace saltar la alarma para protegernos.

Esta “alarma” es lo que nosotros conocemos como “miedo”, una sensación que nos paraliza o hace que queramos huir o escondernos. Y no salta solo ante estímulos que nuestro cerebro considere peligrosos (como el miedo que sientes cuando un coche pasa muy cerca de ti), sino que es una reacción aprendida. Así, si en el pasado hemos tenido alguna mala experiencia, temeremos situaciones que nos recuerdan a esas experiencias (como el miedo a los animales o a los insectos).

¿Cómo funciona?

Para que tú sientas miedo, tu cerebro teje una red muy extensa donde se activan muchísimas cosas. Primero, la amigdala (parte del cerebro encargada de las emociones) analiza los estímulos externos. Cuando encuentra uno que puede ser amenazante, desencadena la sensación de miedo para protegernos.

En este momento, nuestro cerebro se pone a trabajar y empieza a mandar señales para que nuestro cuerpo esté preparado si la amenaza es real. Así, nuestro sistema límbico activa, por si acaso, dos neurotransmisores: adrenalina y dopamina.

 ¿Por qué hace esto nuestro cerebro?

La adrenalina aumenta el ritmo cardiaco, contrae los vasos sanguíneos y facilita la oxigenación del cuerpo y el cerebro. Si la amenaza es real estaremos activos y alerta; si fuesemos a sufrir una herida, sangraríamos menos (porque los vasos sanguíneos están contraidos); y además podríamos pensar de forma clara.

La dopamina, por otro lado, se encarga de coordinar los movimientos de los músculos, lo que nos ayudaría a actuar con rapidez si la situación lo requiriese.

Si la amenaza no es real y se queda en un susto, nuestro cuerpo libera esta adrenalina y esta dopamina. Por eso muchas veces después de estar asustados nos invade una euforia que no podemos explicar, y saltamos, gritamos y nos movemos descontroladamente.

¿Disfrutas del miedo?

El miedo, el placer, y la emoción producen las mismas sustancias en el cerebro: adrenalina, dopamina y endorfinas. Entonces… ¿por qué el placer o la emoción son sensaciones buenas y el miedo no? La respuesta es muy sencilla: todo depende del contexto. Si tu cerebro asimila que la situación que estás viviendo (por ejemplo, ver una película de terror) no supone una amenaza real para tí, es muy probable que lo pases bien. Pero claro, para eso tú tienes que estar predispuesto a disfrutar.

Ahora que ya sabes un poquito más sobre el miedo ¿vas a disfrutar de Halloween este año? 😉